“Camaleón: un viaje hacia la paternidad”

 In ARTÍCULOS Y REFLEXIONES

Queridos amigos y amigas:

Os presentamos esta primera entrega de las narraciones de un padre, Jorge Tinoco Cano (“Camaleón”), colaborador y amigo de El Pez Luna que ha decidido compartir su historia y las aventuras que el proceso de ser padre le han brindado.

¡Gracias Tinoco!

Esperamos sea de vuestro disfrute. Allá vamos con el preámbulo….

PREAMBULO PATERNOFILIAL

De alguna manera se ha de comenzar a explicar lo que se quiere transmitir. Con mayor o menor acierto o con más o menos intensidad hay que empezar.

Yo lo haré con uno de los momentos de mi vida que recuerdo con más claridad y emoción ya que fue el comienzo del cambio que definiría lo que es mi trayectoria familiar y profesional dentro de la educación y el acompañamiento respetuoso.

Permitidme cierta licencia poética…

Leunda (Beizama)Estaba pasando unos días, antes de fin de año, en un caserío de Guipúzcoa en el que vivían formando una comunidad un grupo de personas amigas. Compartían objetivos, recursos y tareas que iban rotando; una de éstas era la de acompañar a los peques (de entre 2 y 5 años) que vivían en la comunidad, equiparando este quehacer imprescindible a las actividades que repercutían en ingresos económicos, como era el mantenimiento de huerto, cabras, quesos e incluso la gestión rutinaria de la casa (comidas, limpieza, gallinas, estufas, etc…). Esto era algo novedoso para mí, ya que aparte de no tener descendencia, yo había estudiado magisterio de educación musical y aunque no ejercía como profesor (estaba realizando un máster de musicoterapia) apenas tenía información sobre pedagogía libre o activa; es decir, mis creencias eran: “ los niños y niñas en la escuela y los adultos u adultas a currar”.

Aquellos días compartiendo tareas y festejando, en un entorno natural y de mucho amor me permitió estar abierto a todo lo nuevo que me iba encontrando.

Una tarde volviendo de un paseo junto con mi amigo y compañero de vida Fernando, al entrar al gran salón comedor espacio de juego de la casa, me sentí atraído hacia un niño de unos 3 años que se balanceaba en el columpio que colgaba de una de las vigas de la casa mientras cantaba… “Chocolaaaaate, moliniiiiiiillo, corre coooooorre que te piiiiiiillo, a estirar a estirar que… (lo siguiente no fui capaz de entenderlo)”.

Fue una visión tan mágica y pura, un estado de concentración en movimiento, de luminosidad intensa tal que no pude más que sentarme delante de él y mirarle disfrutar y ser feliz balanceándose. El me miró y no pareció importarle ser observado; es más, tras un instante de silencio siguió cantando y yo no pude evitar unirme a ese estribillo con toda la potencia de mi voz: “CHOCOLAAAAATE, MOLINIIIIIIIILLO…”, hecho que le dejó impresionado y en silencio. Pero al momento, con una sonrisa y el gesto de sorpresa todavía en su cara, volvió a cantar y entonamos juntos la letra cada vez más fuerte, mirándonos a los ojos y con amplías sonrisas de alegría y disfrute por la conexión que habíamos creado.

Un pequeño instante que me abrió la curiosidad por saber más de este niño, de dónde venía, quienes eran sus padres, dónde había vivido, etc… cuestiones que fui resolviendo a medida que pasaban los días y que os contaré en las próximas entregas de este blog.

Sólo añadir que este encuentro fue el principio de una gran amistad que devino en una adopción mutua, Nam aceptó que yo fuese su padre y yo me sentí (y me siento) muy agradecido de poder compartir mi vida y aprender de una persona tan maravillosa como él.

Hasta la siguiente entrega….

Un afectuoso saludo.

 

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