Querida Marina: “Que mi corazón sea un palacio”

 In ARTÍCULOS Y REFLEXIONES

Querida Marina:

Acabamos de cerrar el curso en La Casita del Pez Luna, estoy agotada y feliz… satisfecha. Sé muy bien que conoces esa sensación, que la ociosidad es un estado poco transitado por nosotras. Breve es el tiempo en el que mantenemos la mirada a salvo de nuevos horizontes retadores y aventuras. Agosto es un buen mes para descansar esa mirada y remojar las pasiones ¿no crees? Tengo ganas de llegar al mar… Me gustaría contarte algo más acerca de la naturaleza de mi trabajo.

Verás, junto a la labor educativa, lo que aquí se pone es el corazón y el alma, y un compromiso profundo de acoger y generar preguntas con las que seguir retándonos y aprendiendo. A veces es complicado e incluso desagradable (salir de las propias creencias y la zona de confort, ceder por un bien común, romperse, despersonalizar las críticas y también los elogios, entregarse a una misión y cuidar de uno mismo a la vez, hacer menos de lo que se quisiera y aceptar los límites, hacer más de lo que se quisiera y romper los límites…), pero ni que decir tiene que eso me transforma la vida, me florece por dentro y no hay nómina o referencia de un currículo que pudiera pagarlo. Con mi trabajo, recibo el regalo y la bendición de hacerme cada día mejor persona, de comprender un poquito más pasito a paso aquello que llaman “SER HUMANO” y “AMOR”.

IMG_6136

El “Estado de Gracia” que me supone cada día convivir con niños y niñas es un estado en el que dar y recibir crea una danza de mil pasos en un sólo movimiento. Hay una fuente de sabiduría invisible en cada gesto, por banal o rutinario que parezca, esperando a que un ojo humilde y sagaz lo descubra. Se trabaja con lo intangible, con lo intuitivo: las emociones, las pasiones, las ideas, los terrores, los sueños y esperanzas, la intención que habita cual espíritu en cada movimiento y acto… verás así que el material esencial con el que se tejen aquí los días está fuera de todo cálculo y jamás podrías encontrar su receta en ningún libro de metodología pedagógica.

Ahora comprendo mucho mejor lo que mis abuelos llaman “miseria de corazón” o “riqueza de corazón”. Gestionar éste proyecto y la convivencia con sus integrantes, es una invitación (si no un empujón cariñoso y firme) a ir despojándome de mis miserias (miedos, recelos, perezas,…) y estar dispuesta a enriquecer y ensanchar el corazón hasta convertirlo en un palacio digno de un relato de “Las mil y una noches”, donde esos manjares de amor se salgan por los ojos (en cada mirada), por la boca (en cada palabra) y por las manos (en cada caricia y cada acto). ¿Verdad que te gusta la imagen? Yo no sé si algún día llegaré a ello, lo cierto es que eso poco importa, más bien es una bella visión hacia la que ir haciendo camino.

IMG_6160 Otra joya (y ya cierro el cofre) es la comprensión cada vez más profunda de lo que significa “acompañar un proceso de vida”, y particularmente “acompañarme a mi misma en este viaje de vida”. Hace poco tuve durante unos minutos la sensación de salir de mi de algún modo y poder observarme a mi misma (mi cuerpo, mis deseos, emociones, el funcionamiento de mi mente) como observaría el juego de un niño, desde fuera, con esa mirada curiosa y amorosa que tiene como único objetivo ser de utilidad en el desarrollo del ser al que observa y percibe. Fue una experiencia muy difícil de describir pero, amiga ¡fue fascinante! Estoy decidida a aplicar hacia mi misma todo ese acompañamiento respetuoso y amoroso, las atenciones, cuidados, dedicación y paciencia que aplico hacia los niños y niñas de La Casita y hacia los proyectos de la Asociación. Poder observarme y percibirme a mi misma como un ser sagrado al que acompañar en su proceso de vida me ayuda a tomarme menos personalmente las cosas, a echarle sentido del humor a los límites e imperfecciones que encuentro en mi, a mis dramas cotidianos. Me permite observar divertida y asombrada lo que siento, deseo, pienso… vivir con mayor calma y aceptación mis angustias y mis iras. Qué curiosos somos los seres humanos, y ¡qué complejos! ¡”Ser” humano me parece ya en sí toda una hazaña!

 

Me despido ya, preciosa Marina. Volveré a escribirte al finalizar el verano.

 

Con todo mi cariño,

 

Clara.

Recent Posts