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«En la educación activa los niños y niñas sienten que se les tiene en cuenta», entrevista a Clara Muñoz

3 de junio de 2022

Clara Muñoz Beteta, directora de La Estrella del Pez Luna, abrió la escuela en 2017. Antes, ya había trabajado en la educación pública y había creado su propio espacio, La Casita del Pez Luna, en 2010. En esta entrevista profundiza en la educación activa que practica en la escuela, los motivos que le llevaron a luchar por este proyecto y, sobre todo, qué se llevan los niños y niñas de un espacio como este para su futuro académico y personal.

¿Qué piensas que diferencia la educación tradicional de la educación activa?

La educación activa utiliza metodologías de aprendizaje basadas en la experimentación. Einstein decía: “el aprendizaje es experiencia y todo lo demás es información”. Ahí ya diferencia entre lo que es acumular una información y lo que es un aprendizaje verdadero, vivo, profundo.

Por eso, la educación activa busca metodologías en las que los alumnos vivencien con su cuerpo, con sus emociones, con las ideas, la creatividad y los deseos, a la vez que busca la interconexión entre las diversas áreas.

Por otro lado, y esto es importante, también diferenciaría si las metodologías de educación activa están basadas en un acompañamiento respetuoso o no. Las que están basadas en el acompañamiento respetuoso tienen en cuenta el proceso evolutivo de la persona. Si, por ejemplo, estamos en una etapa de Primaria utilizaremos materiales concretos y manipulativos acordes con ese proceso de evolución. Eso no significa que todo tenga que ser Montessori o aprendizaje en la naturaleza, por ejemplo, también se puede jugar con muchas otras herramientas: las metodologías son infinitas y se basan en la interconexión con la persona.

Todos los niños quieren aprender

¿Todos los aprendizajes se pueden experimentar?

Sí, todos se pueden experimentar de diferentes maneras. Puedes unir los aprendizajes al ser conectándolos con algo interno de la persona, en lugar de basarlos en que el alumno o alumna acumule. Así es como la persona los hace suyos. Entiendo que, a lo mejor, en un proyecto como el que tenemos en segundo de Primaria de mecánica, hay datos que se les quedan grabadísimos porque están muy motivados con ello, lo han aprendido y sin querer ni poner esfuerzo lo recuerdan todo. Hay otra serie de datos y conocimientos que necesitan de voluntad y esfuerzo para memorizarlos. La educación activa no es contraria a la memoria o procesos de memorización, lo que busca es que la persona comprenda qué está haciendo, conectándolo con algo que esté dentro de sí mismo

 

¿Siempre se consigue que haya una motivación por parte del alumno?

No siempre se consigue la motivación intrínseca, natural, espontánea. Lo que sí podemos es establecer compromisos conectando el aprendizaje que, como maestra acompañante, consideras necesario que desarrolle con la motivación que está teniendo el alumno o alumna en ese momento. Ese es el verdadero curro, el arte del acompañante. De hecho, para mí no es lo mismo ser profesor que maestra acompañante de una escuela de educación activa, son casi dos profesiones distintas. Aquí es donde nos encontramos muchas veces el problema de selección de personal. Hay que facilitar y asistir la conexión del niño con lo que como adulto, por los valores del centro, el currículo o el proyecto pedagógico, hemos decidido que tiene que aprender. Los adultos eligen y por supuesto que hay límites. Sin embargo, si tienes una niña que le encanta el cuerpo humano, solo quiere trabajar eso y no le atrae la idea que se ha hecho de las Matemáticas, la labor del acompañante es ver cómo generar un material de huesos y números, problemas matemáticos relacionados con el cuerpo… Así se interconectan los intereses con los saberes. Por otro lado, en la mayoría de los casos, es irreal que un niño o niña no quiera trabajar un área, ellos siempre quieren aprender. No hay niño que no sienta satisfacción al ver que está aprendiendo cuestiones de cualquier área, porque esas áreas están conectadas en la vida, no están separadas. El adulto deshace el camino que las ha separado y las reconecta.  

Tú has trabajado como profesora funcionaria en la pública. ¿Cuáles crees que son las fuentes principales de desmotivación de los niños a la hora de aprender?

Es posible que en la tradicional a los niños y niñas les sea más difícil sentir que haya espacio para las motivaciones que tienen o que puedan cambiar el entorno. Eso ya puede causar un nivel de implicación menor. El niño, que es activo de naturaleza, toma un rol pasivo en el que además tiene que dominar todos sus impulsos de interactuar con compañeros, con la materia, con sus motivaciones… No se suelen recoger las motivaciones que ellos tienen ni se suele generar un curso escolar en el que ellos vean que sus motivaciones, intereses y ellos mismos están en ese currículo. Aun así, al final se adaptan porque tienen la necesidad de hacerlo y ser amados por los adultos que les protegen. Además, cada niño tiene su circunstancia y algunos se adaptan mejor, otros peor.. 

 

Digamos que en la educación tradicional está el contenido y el niño se adapta a él y en la educación activa y respetuosa el contenido o la forma de aprenderlo se adapta al niño…

En la educación activa hay un fragmento de currículo muy amplio que no sale en el proyecto curricular básico del centro (PCC) y que cada año es distinto porque depende de los intereses de los alumnos y alumnas. Este año, por ejemplo, nosotros hemos profundizado con los alumnos de segundo de Primaria en historia de la Mecánica. Otros años, se ha profundizado en la historia del Cine a causa de un proyecto que se llevó a cabo. Esto no entra dentro del PCC como tal. Hay una parte en la que el currículo básico lo van a dar sin excepción, sin embargo, tienen otros tiempos, más flexibilidad. Y es que, siempre guiados y con unos límites muy definidos, los niños y niñas sí tienen inferencia en la deriva de ese currículo

espacio para las motivaciones de los alumnos

La otra parte que desmotiva al alumno es la cantidad. Hace poco, la hija de una amiga fue al instituto y la profesora de Plástica les mandó una tarea sobre extraer tipos de texturas del entorno. Esto, que conlleva pasarse una tarde observando el entorno, buscando tipos de textura que hay que describir, fascinaba y motivaba muchísimo a la niña. Sin embargo, también le dijo “tienes que entregar 120 texturas”. De esta manera, lo que podía haber sido un trabajo interesante de una, dos, o tres horas en una actividad que le apasionaba, de la que extraía un aprendizaje con el que se sentía muy conectada, se convirtió en algo que le quitó totalmente la motivación e incluso la llevó a un estado de desesperación por la cantidad. 

Para mí el conflicto viene de los paradigmas de cantidad y velocidad: mucho en muy poco tiempo. Eso es lo que siento que destruye todo lo demás.

Por otra parte, siento que en estos últimos diez años se ha abierto una especie de híbrido que tiene mucho de tradicional, aunque se viste de contemporáneo, en el que se han instaurado ciertos elementos como los rincones, la metodología por proyectos… Sin embargo, si la persona que las acompaña y el sistema en sí no han hecho un cambio de paradigma mental, la transformación profunda no se da, aunque sean pasos hacia él. Es fácil que a veces no funcionen del todo. Pero bueno, se van dando pasos.

 

¿Qué fue lo que viste en la pública tradicional que te hizo decir “no solamente no puedo estar aquí, sino que tengo que crear una alternativa”?

Yo no pensé directamente en crear una alternativa, pero me di cuenta de que no podía estar ahí y que necesitaba reflexionar. Lo que pasó fue un niño de educación especial. A la semana venía ciertas veces una persona a atenderle en el espacio de apoyo. Él estaba en su clase, nada integrado, y la dinámica de la clase no estaba realizada para tenerle a él en cuenta. Se daban unas situaciones de conflicto muy fuertes en las que él no encontraba por dónde tirar. Su maestra estaba con un grupo muy grande de alumnos que no entendían nada del funcionamiento y necesidades de este niño, no sabían cómo reaccionar, y era un niño con necesidades especiales bastante intensas. Al final la maestra estaba muy estresada, pero era la adulta con lo que contaba con información y cierto margen de decisión, y los niños a veces se encontraban molestos, pero dentro de lo que cabe estaban adaptados. Este niño, sin embargo, estaba destrozado, lo pasaba muy mal. No estaba aprendiendo, no podía llegar a asimilar nada de lo que se estaba dando, las metodologías no estaban hechas para que él pudiese asimilar el aprendizaje y pasaba las horas en un espacio donde se le generaba una herida muy grande en un tiempo en el que estaba construyendo su identidad. 

Yo era profesora de Música y acompañé a este niño en sus reacciones agresivas en alguna ocasión en la que había agredido a algún niño fruto de la frustración que vivía. Cuando tocaba la asignatura de Música, yo lo hacía como podía, recién salida de la carrera. Pero, ya fuera por la asignatura o por mi forma de hacer las cosas, se posibilitaba romper con la estructura que se venía dando. Buscaba darle espacio o libertad para que él pudiera estar en la clase a gusto. Un día, al final del almuerzo, busqué a su grupo y no lo veía a él. “Está en una esquina, está por ahí, llorando”, me decían los niños. No había ninguna maestra con él, me acerqué. Lloraba, le había pasado algo con un niño… En ese momento le escuché, le acogí, estuve con él y le dije “vámonos que tenemos que ir a clase”. Él estaba indeciso: quería entrar, no quería entrar… Sufría mucho. Al final, entró conmigo porque le había animado, con mucha dulzura, cariño, escuchándole, con contacto corporal, llevándole de la mano, dedicándole tiempo y asumiendo que la clase iba a empezar diez minutos tarde porque ese niño merecía ese tiempo igual que los demás. Lo metí de la mano y cuando crucé el umbral de la puerta del cole, de pronto me sentí un verdugo. Había entrado feliz, sonriente y yo sentía que le estaba engañando: le estaba metiendo en un sitio que sentía que le hería intensamente. Ese niño, puede ser que tampoco tuviera otras posibilidades o su familia no contara con ciertos recursos. Además, seguro que los profesores lo harían lo mejor posible, pero la realidad es que eso estaba sucediendo. No se trata de encontrar culpables. En aquel momento, yo estaba metiendo a un niño de buen rollo en un lugar en el que él, mientras volvía a sentir un poquito de confianza, se estaba dañando profundamente. Por entonces, yo era muy joven y tomé la decisión de reflexionar y apartarme.

¿Qué máximo de ratio crees que es posible por adulto para atender a los niños?

Depende de los grupos. Nosotros trabajamos una ratio de 10-12. Hay grupos en los que, para acompañar de una manera muy muy precisa, con 10-12 pueden darse momentos en los que se te escapen algunas cosas. También hay grupos en los que perfectamente se podría estar con 15. Yo creo que 12-14 está muy bien, asumiendo que hay momentos en los que se puede aumentar. Si hubiese que hacer algún cambio en el sistema sabiendo que si fuese algo público sería casi imposible, iría por ahí.

 

Realmente la ratio es lo que llama más la atención, ¿crees que el problema más importante para no llevar esto a lo público es la ratio?

Claro, porque antes hemos hablado del problema de los niños: la cantidad y la motivación. Ahora hablemos del problema de los acompañantes: aunque los acompañantes se hagan toda la formación y quieran cambiar el paradigma y la metodología, si el sistema no organiza una estructura apropiada, es muy difícil que puedan hacer esa labor. El principal escollo gordísimo es la ratio. Es muy difícil, y en muchos casos imposible, poder desarrollar determinadas metodologías con las ratios que hay. 

 

Antes has hablado de la historia de ese niño con necesidades especiales y aquí en La Estrella del Pez Luna tenéis un Plan de Inclusión. ¿Qué lo diferencia de otros planes de inclusión? ¿Cómo se trabaja? ¿Cuáles son las ventajas que tiene este plan frente a otros, no solo en la pública o tradicional, sino en general?

Yo no puedo hacer una comparativa, no he estudiado los planes de otros centros. He visto algunos proyectos, me he inspirado, también en experiencias, pero no puedo hacer una comparativa. Lo que se hace en esta escuela trata mucho de esto, aquí el plan de inclusión se basa en que hay niños y niñas que en otros espacios sería muy difícil que pudiesen integrarse y desarrollarse. Todos los seres humanos tienen derecho a desarrollarse, a vivir su proceso de desarrollo y aprendizaje. Aquí trabajamos para promover que la sociedad tenga en cuenta todas las diversidades que pueda haber. La igualdad para mí es eso: que todas las personas tengan derecho a desarrollarse de manera sana. Las escuelas son el sitio dedicado al desarrollo y aprendizaje de los niños y niñas, pero su diseño no acoge a todos los niños y niñas. Un sistema muy tradicional, con las ratios y metodologías que maneja, deja fuera a muchas personas, muchas más de las que podrían salir en los medios de comunicación. Y cada vez más. Hay gente que se adapta muy bien, hay gente que se adapta regular, otros fatal y hay gente que directamente no se adapta. Eso genera una herida bestial en el niño, se queda fuera de todo y encima con un estigma. Hay una franja del abanico de esas necesidades especiales (que a veces no son tan especiales) que no se adaptan al sistema tradicional porque no está hecho para poder abordar sus necesidades de desarrollo y de paso destruye a la persona. No solo no vas hacia adelante, sino que haces mucho daño. Hay una parte de esos niños y niñas que en una escuela como La Estrella del Pez Luna sí pueden encontrar un lugar donde ser ellos mismos y centrarse en lo que sí pueden hacer. 

LA igualdad es que las personas tengan derecho a desarrollarse de manera sana

Nosotros podemos acoger más diversidad que en un sistema tradicional, pero también es cierto que tenemos un límite. Hay cierta diversidad que tampoco podemos acoger por recursos humanos y materiales, organización interna o metodologías. Nos gustaría poder acoger muchas cosas, pero a veces nos falta la infraestructura económica que pueda sostener esto. Aun así, ya hemos dado un pasito más: hay niños que están creciendo aquí felices que en el sistema tradicional se habrían roto. 

 

¿Cómo solucionáis la exclusión del propio grupo, entre iguales, de ese tipo de niños y niñas con necesidades especiales?

El acompañamiento emocional y social son indispensables en La Estrella del Pez Luna. Y, si como sistema integras al niño, los niños también van a integrarlo. Si como sistema excluyes al niño, los niños seguirán tu camino. Ese es el primer paso. Creo que muchos niños de escuelas tradicionales incluirían mucho más a los niños con necesidades si el entorno se configurara para integrarlo, pero ya de por sí ese niño supone una molestia. El primero que excluye y estigmatiza es el sistema, a los niños se lo ponemos muy difícil. 

Nosotros no hemos hecho nada muy especial, pero profundizamos en cómo acompañar emocionalmente, socialmente, en los procesos de cada cual, en el trabajo con los límites… Todo esto, volvemos a lo mismo, lo permiten también las ratios y la filosofía en general, cómo está organizado el ambiente de la escuela. Los niños y niñas lo perciben. 

Además, la actitud cooperadora y el nivel de consciencia e implicación de las familias de esos niños es otro ingrediente fundamental.

 

¿Hasta qué punto el acompañamiento emocional que se puede hacer en una escuela es determinante para la vida académica y personal de un niño que pasa en ella seis horas al día?

No sé si es determinante, pero sí que condiciona. Esto también depende de cada niño porque no tenemos una varita mágica. Hace unos años, cuando empezaron a abrir estos proyectos todo era la creatividad, aprender a trabajar en equipo… La gente venía pensando que iban a salir con un equilibrio emocional increíble, una confianza y un autoconcepto brutal o una pasión irrefrenable propia de la idea que tenemos de los creativos de Google. Todavía hay muchos que tienen esa expectativa. De hecho, se hablaba de que los creadores de Google habían ido a una escuela Montessori. De ahí salía todo lo innovador, los saberes del futuro.

Más allá de eso, a nivel de presente, el feedback que he recibido de gente que se ha ido, familias, alumnos, o incluso familias que el profesor del instituto al que han acudido posteriormente les ha hecho algún comentario, es que los niños y niñas que pasan por La Estrella del Pez Luna tienen mucho interés en escuchar, en aprender. Están abiertos al aprendizaje, tienen ganas, tienen una relación con el adulto que no está quemada. Ellos llegan y parten de ganas de cooperar. No tienen este arquetipo de seducir o ganarse al maestro, ni de rebelarse contra él; tienen otra manera de relacionarse con la figura adulta. Después todo eso también lo pueden destruir muy rápido. Suelen tener una conexión muy clara con lo que quieren y lo que no quieren, lo que les interesa y una capacidad para comunicar lo que les ocurre que también destaca. Son niños que tienen una presencia, una conexión consigo mismos, que suele llamar la atención. 

¿Dirías que esas cosas que has dicho pueden ser precisamente las que hacen que la transición a secundaria sea sencilla y sin problemas?

La transición a secundaria va a tener los mismos problemas con cualquier niño o niña. Los que vienen de un sistema tradicional se enfrentarán a unas cosas y los que vienen de un sistema activo se van a enfrentar a otras. Toda transición de etapa conlleva retos. 

 

Sí, pero es curioso que digas que los niños tienen curiosidad. Los niños en primero de secundaria ya empiezan a mostrar ciertos signos de hastío…

Lo que puedo decir es que, y eso sí está demostrado, venir a una escuela de pedagogía activa en la que no se ofrece el currículo de forma enciclopédica, como La Estrella del Pez Luna, no incide negativamente en las capacidades de aprendizaje de los alumnos/as ni en su desarrollo académico. Lejos de ello, cuando llegan a secundaria en otros centros, muchas veces son niños que destacan a nivel de aprendizaje. Ya sea desde el principio o quizá requieran unos meses, pero a lo largo del primer curso suelen destacar. Siempre con excepciones, pero a día de hoy es la norma. Los maestros y maestras destacan también su actitud, el nivel de comunicación, de seguridad… Eso sí, a los niños, según su testimonio, les genera dificultad adaptarse a un sistema en el que no entienden el sentido de lo que están aprendiendo, no encuentran una motivación intrínseca, un sentido que les haga poner energía. 

 

Por eso es importante que eso lo lleven de un sitio como este, ¿no?

Claro. En una etapa preadolescente y adolescente en la que necesitas encontrarle justicia y significación a las cosas, es muy importante encontrarle el sentido a lo que se está aprendiendo. También, por otro lado, acusan mucho el nivel de violencia. Para ellos lo que resulta violento es muy relativo, pero las contestaciones autoritarias y el que no haya un espacio mayor de elección o de expresión, la utilización de un lenguaje alejado de la comunicación no violenta, las amenazas, castigos… Eso suelen identificarlo con la violencia. 

 

¿Cuál es el futuro?

Abrir secundaria ya. Cuando abrí la casa nido había gente que decía “¿cómo vas a llevar a tu bebé ahí?, va a salir un mimado”. Sin embargo, salían sanísimos. Cuando abrí de 3 a 6, mucha gente sentía mucho miedo sobre qué pasaría con sus hijos al ir a un sistema así pensando que podría dar problemas de adaptación para la etapa de Primaria. Luego Infantil, ese riesgo ya era superlativo.  “Estás arriesgando la vida escolar de tu hijo por llevarle a un espacio así”. Después se quedó en que Infantil estaba muy bien, pero Primaria iba a ser un problema por ser camino a Secundaria. Ahora, el siguiente paso es mostrar cómo Secundaria es posible y que la gente sale de este lugar estupendamente. Además, en ocasiones, conforme nos acercamos a la Universidad, dependiendo de la carrera que se escoja o si se elige el también fantástico camino de los grados y de la Formación Profesional, hay muchas metodologías activas que se acercan más a cómo se aprende en estos estudios superiores. 

 

En La Estrella del Pez Luna impartes un curso sobre cómo trabajáis la educación activa en esta escuela. A él está acudiendo gente de la pública, de otros proyectos, que se les ve que tienen motivación para cambiar los paradigmas tradicionales.

Esto es imparable porque no estamos hablando de algo marciano, hablamos de que todos sabíamos que había otra manera en la que se podía hacer las cosas, pero daba mucho miedo y requería esfuerzo cambiar ciertas cuestiones del sistema. Hay proyectos y personas que no hemos encontrado la manera de hacerlo dentro del sistema público y somos útiles a la sociedad de esta manera, por la vía privada. Sin embargo, el origen de El Pez Luna y el de otros espacios afines, que quizá nos diferencie de otras escuelas privadas, no hemos nacido a partir de una motivación empresarial, con el ánimo de hacer negocio. Evidentemente tiene que ser sostenible para todos los integrantes, pero siempre se hace desde una labor social. Al final se trata de atreverse y decidir hoy en día a hacer algo que cuesta mucho esfuerzo y a veces cierto sacrificio. Y no lo comparo nunca con lo que tenga un funcionario en la pública, son cosas distintas. Pero se está haciendo una labor para demostrar qué hacemos las personas que montamos, trabajamos y decidimos implicarnos en estos proyectos en ese sentido también son importantísimas las familias que apuestan. Hacemos de avanzadilla hacia algo que está claro que se puede hacer y le mostramos al mundo que no pasa nada malo. Y, desde ahí, otras personas que pueden tener más miedos, al tener ya un camino trazado y abierto como en la selva, lo harán con más seguridad. 

Al final no se trata de erradicar un sistema o el otro, la cuestión es que cada uno tenga su parte y espacio nutritivo. A mí me encanta que vengan personas de universidades, de prácticas, que la gente vea que es posible. Porque lo que acaba ocurriendo es que quieren participar de esa transformación, estudiar cómo lo hemos hecho y cuáles son nuestras bases. Después aprehenden lo que necesiten para su entorno (que puede ser una escuela pública, un proyecto pequeño en mitad de la montaña o su propia casa con sus hijos). Queremos contagiar a mucha gente. En cierta forma, diría que ya lo hemos conseguido, porque, a día de hoy, podemos hablar de cientos de personas que ya se han formado entre nuestras aulas y están llevando el cambio a su presente.

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