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El período de adaptación: Cómo lograr un inicio de curso positivo

28 de septiembre de 2021

Periodo de adaptacion
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Dejar a nuestros hijos en el cole no tiene por qué ser un proceso traumático ni para ellos ni para sus familias. De un tiempo a esta parte, se han popularizado en la educación, sobre todo en la etapa de Infantil, los períodos de adaptación, aunque esto es algo que ya se hacía en El Pez Luna desde que nació el proyecto.

El período de adaptación es un tiempo en el que el niño comienza a tomar contacto con su nueva realidad escolar acompañados por una figura de apego cuya presencia se reduce de una forma paulatina a lo largo de una semana en Primaria y dos en Infantil, aunque esto puede depender del desarrollo del niño. Este contacto con su hogar les ayudará a afrontar la novedad de una forma más orgánica y respetuosa con su necesidad de sentirse seguros en un ambiente amable.

El período de adaptación es esencial para que la vida del niño en la escuela se construya sobre una base sólida y positiva, a través de la creación de vínculos con sus acompañantes.  Los principios son siempre muy importantes. La dedicación, la paciencia y la constancia le ayudarán a tener una base fuerte que evitará muchas inseguridades y conflictos futuros.

Los niños y niñas tienen una fuerte dependencia emocional de sus figuras de apego. Esa dependencia se ve alterada cuando comienzan la experiencia de asistir a la escuela, un momento que influye en su vida presente y futura de una forma decisiva. Esto puede generar en ellos la sensación de pérdida del medio familiar donde se sienten queridos y seguros, la pérdida de referencias de su vida habitual y, además, la sensación de abandono al no ser capaces, sobre todo en edades tempranas, de calcular el tiempo y darse cuenta de que la separación de sus padres es algo transitorio.

¿QUÉ NECESIDADES SE CREAN EN UN NIÑO EN PERÍODO DE ADAPTACIÓN?

Cada niño es único, lo que hace que estos elementos se den en mayor o menor medida. Sin embargo, lo que es seguro es la importancia de que los maestros/as y figuras de apego mantengan una comunicación fluida que permita el crecimiento de la confianza entre ambos ámbitos. Solo así tendrá éxito este juego de relaciones.

Los peques que se enfrentan a esta situación suelen experimentar un estrés que se expresa con comportamientos variados:

  • Necesidad de atención para combatir la pérdida de relación familiar. Esta ansiedad se puede manifestar con llantos, búsqueda de la figura de apego o el maestro/a, agresiones físicas, insomnio, imposibilidad de soportar el no estar cerca de un adulto, etc.
  • Enfado ante una situación que no pueden controlar. La hostilidad, agresividad, rabia y el deseo de castigar a los adultos, también es algo frecuente.
  • Actitud de autoprotección y defensa frente a una situación nueva amenazante, lo que le llevará a una inhibición general de los movimientos y un rechazo del contacto corporal y de la participación en actividades de la escuela.
  • Angustia extrema al no comprender la naturaleza de la separación.

 

¿CÓMO PODEMOS AYUDAR AL NIÑO A PASAR DE UNA FORMA CONSTRUCTIVA POR ESA EXPERIENCIA?

Como hemos dicho antes, lo más importante es trabajar en el lazo de confianza que une a la familia y a la escuela. Aún así, dentro de El Pez Luna tenemos ciertos consejos de cara a mejorar lo más posible la situación de los niños y niñas ante este trance.

  1. Mantener la tranquilidad y así transmitírselo al niño/a. Solo la tranquilidad le permitirá recuperar la calma imprescindible para adaptarse a la nueva situación y cesar en sus exigencias.
  2. Acoger la rabia o el enfado irradiado siendo una figura llena de comprensión y empatía.
  3. Dar tiempo al niño/a para que descubra que participar en las actividades no va a causarle ningún mal y será positivo.
  4. Permitir que el peque lleve al centro algún objeto familiar que haga de nexo psicológico entre el hogar y el lugar nuevo.
  5. Mantener viva la imagen de la familia en la escuela.
  6. Construir una rutina que haga predecible para el peque el nuevo contexto.

 

El ser humano es un ser social por necesidad. Estamos programados para crear vínculos con aquellos que estén presentes en nuestros primeros años de vida, así que el afecto es la base de nuestro desarrollo. Si el niño no se siente seguro, empleará todos sus recursos para buscar esa seguridad. Es tarea de la familia y del maestro, proporcionar al niño un ambiente de seguridad en el que generar nuevos vínculos afectivos con los acompañantes del espacio.

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